Editor's Rating

10

¡Hola mis queridos lectores! Hoy traigo para compartir con ustedes un tema de suma importancia y relevancia en la sociedad actual

El bullying, que aunque circula información en forma permanente y es una problemática de la que se habla mucho, por momentos tengo la sensación que no se encara con la suficiente seriedad, ni llegan a generarse reflexiones profundas que nos hagan tomar conciencia, despertar y movilicen al cambio. Traigo este tema, porque la semana pasada tuve una situación en la escuela con uno de mis hijos, en la que todo un grupo se vio involucrado en un conflicto, se dijeron cosas hirientes los unos a los otros y terminaron todos los niños sensibilizados. Esto quedó dando vueltas en mi cabeza, pensando sobre cómo sufren los niños y a la vez las crueldades que pueden llegar a decirse. Recordé cuando era chica, que se vivían experiencias similares y sobre todo impulsadas o avaladas por los adultos (padres y maestros), que insistian en remarcar los defectos de cada niño.

Por lo general, los primeros en poner etiquetas son los padres y los hermanos por imitación. Cada niño de la familia se identifica por una característica especial: el gordito, el bajito, el vago, la llorona, el narigón, etc. Son este tipo de reafirmaciones de los defectos, las que el niño absorbe y transforma muchas veces de dolor a insulto contra sus amigos generando así una cadena.

¿Pero qué pasa cuando en la escuela se encuentra con la misma situación elevada a la enésima potencia?

¿Qué pasa cuando en lugar de que las lecciones sean con el ejemplo, se castiga al niño promoviendo más sentimientos negativos, como la culpa sin comprensión, marginalidad, odio y violencia?

Queridos amigos si son padres, abuelos, tíos, maestros, cuidadores o tienen niños cerca, estoy segura que me acompañaran en el sentimiento y se sentirán un poco compungidos por el solo hecho de pensar en que algo así le puede pasar a nuestros hijos. Pero tanto del lado del niño que hace bullying, como de la víctima, se puede evitar, fortaleciendo la autoestima y el sistema emocional de los chicos.

Algunas recomendaciones son:

  • Por sobre todas las cosas, dar mucho amor a los niños. Demostrarles cuanto se los quiere con manifestaciones verbales y físicas. Palabras cálidas, palabras de aliento, abrazos, besos, nunca es mucho, se los aseguro.
  • Respetar al niño y siempre hablarle con educación, aún cuando estemos enojados.
  • Dejar de hacer comparaciones entre hermanos. Tampoco entre ellos y nosotros mismos. Evitar comentarios como: “yo a tu edad, estudiaba, trabajaba y hacía deportes”.
  • Evitar el uso de etiquetas despectivas (inútil, tarado, vago, perezoso, tonto, insoportable, entre otras) Respirar cuando sentimos el impulso de decir algo así y esperar que pase. Por el contrario las palabras de aliento elevan la autoestima del niño: te amo, puedes conseguir todo lo que te propongas, eres inteligente, para mi eres especial, etc.
  • Siempre felicitar por los pequeños logros cotidianos y motivar cuando algo no sale bien.
  • Evitar hacer comentarios despectivos delante de los niños sobre otras personas y menos aún festejar burlas hacia otro ser humano. Es un ejemplo muy malo, si queremos criar niños que desprecien el bullying.
  • Jamás como padres hacerles burla. Ni permitir la burla entre hermanos.
  • El castigo corporal, solo genera más violencia. Desde mi punto de vista, ni el cinto o correa, ni la chancleta, ni una nalgada corrigen lo que el amor no puede corregir. Recurre al amor y verás cómo te sentirás mucho mejor, sin culpas y sin emociones negativas. Los niños perciben esto de los padres también.
  • Un padre seguro y justo, tiene más autoridad que un padre impulsivo y temeroso de sus propios hijos, porque esta se gana no se impone. Espero que estos puntos ayudan a reflexionar sobre esta problemática tan grave y lamentablemente común en nuestras comunidades.

Por favor, no duden en dejar un comentario al respecto si así lo desean. Saludos y buena vida!

www.mamaxxi.com