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Ideas para tener en cuenta

Es lunes, un día común en mi atareada vida de mamá de tres. Me levanto a las 7:00 a.m. a preparar a los chicos para la escuela. Dejo el despertador sonando, programado para que se repita cada 10 minutos, con el fin que mis hijos también lo escuchen y cansados con el “ringtone” que suena y suena, se levanten por propia voluntad y evitar tener que llamarlos repetidas veces. Casi como “zombie”, con los ojos a medio abrir, preparo el café, corto frutas, sirvo vasos con leche, y me dirijo al baño para lavarme los dientes y cepillarme el pelo (si me queda tiempo). Sin mirarme al espejo aún, mi hijo se acerca para arreglar su cabello y me dice: ¿Mami descansaste bien? Si, le respondo. Entonces él dice: Es que te ves muerta. En ese momento, me colocó en el presente como si con un imán me hubieran arrastrado y me observo en el espejo que tenía enfrente. No pude estar más de acuerdo con él, tenía ojeras, estaba pálida, las raíces de mi pelo teñido súper crecidas y algunas canas que se asomaban muy atrevidas, como queriendo llamar la atención. Creo que ellas, eran en realidad lo único que brillaba sobre mi cabeza.

Movilizada por un remolino de pensamientos, recordé cuánto tiempo hacía que no me ocupaba de mí misma. Lo auto-abandonada que me tenía y el horrible ejemplo que a través de mi dejadez personal estaba reflejando a mis hijos, tanto varones como a la niña. El sentimiento de culpa, aunque a veces es inevitable, no es constructivo, por lo que en forma inmediata traté de dejar de lado el papel de víctima, las excusas y me animé a ponerme las pilas, a ocuparme y a realizar lo que tenía que hacer.

Si eres mamá, estoy segura que más de una vez habrás estado en una situación similar, es muy normal y común, sobre todo cuando los niños son pequeños, nosotras pasamos a un segundo o tercer plano, ya que lo más importante en nuestras vidas son los hijos. Sin embargo, esto no quiere decir que nos lancemos al olvido, es perjudicial tanto para nosotras mismas como para nuestros hijos, pareja y todos los que nos rodean, quienes perciben el poco cariño y afecto que nos tenemos.

Cuidarnos y querernos son ingredientes esenciales para alimentar nuestra autoestima y mantenerla saludable. Ella es quien nos rescata cuando los días se ponen nublados o tormentosos. Una autoestima fuerte es nuestro salvavidas, nuestro sostén, la base de la edificación de lo que hemos construido y que proyectamos para seguir creciendo en todos los ámbitos de la vida. Es por eso que a continuación comparto contigo algunas ideas de hábitos cotidianos, que en forma sencilla podemos incorporar en nuestra rutina y nos harán sentir bien, más seguras y felices.

10 ideas sencillas para fortalecer tu autoestima:

  1. Ama.
  2. Cuida tu apariencia física, eleva tu autoimagen.
  3. Haz ejercicio físico renueva la energía.
  4. Realiza actividades que te apasionen y disfrutes.
  5. Establece metas personales y un propósito de vida.
  6. Alimenta la alegría y recuerda que la felicidad es tu opción.
  7. Piensa menos en pro del sentir y actúa más.
  8. Balancea la alimentación.
  9. Rodéate de buenas compañías, familia y amigos que estén en sintonía contigo.
  10. Disfruta la vida.

Disfruta de esta oportunidad que nos fue concedida. No te permitas tan sólo existir y que tus días se escapen como agua entre tus dedos ¡ahora es el momento!