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9.5

Conociendo… Entendiendo… Y creciendo…

Al mirar el firmamento en una noche clara, mi mente y cuerpo dan paso a la contemplación, al espíritu que conmueve y hace estremecer hasta el pensamiento y veo cuán grande es, entonces siento que estoy aquí como el árbol, el ave, la nube, siendo parte de este universo que tiene revelaciones, mensajes y misiones en y para cada una de los maravillosos seres que lo componemos.

Ver y examinar la naturaleza con los ojos de la contemplación en búsqueda de esas manifestaciones, nos revela las señales guías de la obra, creación o evolución de esa bella, oculta y aparentemente caótica arquitectura natural, que el hombre en sus anhelos de grandeza y poder ha ido conociendo, entendiendo y creciendo, generación tras generación… entendiendo, conociendo y creciendo…

Nuestro universo físico opera bajo un conjunto de principios espirituales, que a través de la sabiduría de la naturaleza se explican de forma clara y entendible de leyes, la Natural o física, la de la Gravedad o el ritmo, la de la polaridad y la de la correspondencia u opuestos, entre otras.

Es así como desde la simple geometría natural interpretada por nuestros antecesores milenarios, hasta los complejos conceptos de la física cuántica y/o geometría fractal, el hombre ha hablado, ha buscado y se ha hallado en presencia de formas, sucesiones y modelos que se repiten y auto producen en todos los ámbitos y niveles de este intrincado mundo, manifestando las proporciones que guardan entre sí los elementos y dando principio a lo que Euclides, conocido como el padre de la geometría denominó, “el número áureo”.

Esta unidad fundamental, relación divina o proporción áurea, -que a través de los tiempos se ha reconocido como representación de la estética, con importancia mística que a lo largo de la historia se le ha atribuido a las obras de la naturaleza y se ha denominado comúnmente “La huella de Dios” y que he escrito como suena (Ueya), por cuanto contiene muchas más propiedades que la simple descripción de una “marca”, aparece de manera armónica en diseños naturales de plantas, pétalos de flores, moluscos, tornados, huracanes, en la disposición de las estrellas, en el crecimiento de los árboles o en la estructura del oído-, se revela ante nosotros para reconocer los valores naturales y comprender los espirituales.

Gracias a este conocimiento comprendemos que no somos una hoja sometida al capricho de las casualidades, que la naturaleza humana forma parte del Orden Natural establecido, regido por Principios Espirituales para Ser, Entender y Hacer claramente visible lo invisible, el poder y la deidad que desde la creación del mundo se muestran por medio de las cosas hechas, de modo que no tenemos excusa. (Tomado de la Biblia: Rom. 1:20).