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Durante bastantes décadas se nos ha inculcado la creencia de que en el camino de la vida debemos estar buscando por nuestra otra mitad, por nuestro complemento. Nos dicen que en alguna parte lejana estará esa persona que nos va a llenar todos nuestros vacíos, esa persona que traerá en sus manos nuestra felicidad.

Por medio de las películas, las novelas y algunos libros nos han hecho creer que el propósito de nuestra vida es encontrar nuestra “media naranja” y sólo hasta que la encontremos seremos seres completos.

En este camino de búsqueda por esa otra mitad se crea una constante ansiedad que se refleja y hace que alejemos a cualquier persona que quiera darse la oportunidad de conocernos, pues estamos tan mentalizados en encontrar a esa persona tan especial y perfecta que nos creamos una idealización de que llegará en forma de un príncipe perfecto o en el caso de los hombres, una delicada princesa.

La realidad es que encontrar un(a) compañero(a) de vida no es como lo pintan, nadie va a traerte felicidad y tranquilidad hasta que tú no te sientas completo por dentro y esto puede sonar cliché, pero es la única verdad.

Tú no eres una mitad que necesita completarse, tú eres un ser completo que necesita conocerse y amarse primero, antes de poder darle a otra persona el privilegio de amarte.

Desde muy temprana edad, nos condicionan para que creamos que hay un hombre o mujer perfecta para nosotros y que todo será color de rosa cuando conozcamos a esta persona.

Se nos dice a qué edad nos debemos casar y a qué edad debemos tener hijos y si estás alrededor de los treinta, pues es probable que ya estés sintiendo esa presión incómoda de la gente a tu alrededor preguntando cuándo te vas a casar y cuando tendrás hijos.

Esta ansiedad la viven muchas personas y es por esto que nos apresuramos y tomamos decisiones incorrectas en esa búsqueda a la relación perfecta. Muchas personas eligen al compañero(a) equivocada, pues les da mucho miedo estar solos.

Muchos otros, se resignan a estar con la persona equivocada, pues justifican que su pareja es una buena persona y por eso deben quedarse con esta, pues “más vale malo conocido que bueno por conocer.” Son tantas las programaciones patéticas que nos han enseñado que hasta nos confundimos fácilmente entre química y amor y es así como nosotros mismos tomamos la decisión de sufrir, pues no nos damos el lugar que merecemos.

La búsqueda al amor debe ser interna, debemos decidir enamorarnos de nosotros mismos primero, esto no es egocentrismo es simplemente “amor propio,” muy a menudo se nos olvida la segunda parte del mandamiento “Ama a tu prójimo, como a ti mismo.”

Dependencia, celos, inseguridad sólo se crean cuando no estamos bien con nosotros mismos. Hay que derribar todos estos paradigmas y programaciones y darnos cuenta que en realidad no hay nada que debamos buscar afuera (en otra persona).

Cuando estés en armonía contigo mismo, atraerás la persona correcta, no una mitad, sino una persona completa que también se ama a sí misma y juntos podrán compartir amor y experiencias significativas.

Cuando te “enamoras” de una persona lo que más quieres es compartir tiempo con esta y conocerla, pues así mismo puedes empezar por compartir tiempo contigo mismo e interesarte por conocerte: ¿qué te gusta? ¿qué te disgusta? ¿cuáles son tus cualidades? ¿en qué áreas de tu vida necesitas trabajar más? ¿qué actividades disfrutas? ¿qué es lo que más te gusta comer? ¿con qué tipo de personas te gusta rodearte? ¿ cuáles son tus miedos más profundos? ¿cuál es tu propósito de vida? Estas son algunas preguntas que puedes empezar a cuestionarte para conocerte más a fondo.

Es necesario darnos cuenta que debido a experiencias pasadas tenemos muchos vacíos que inconscientemente queremos llenar con el “amor” de otros.

Debemos entender que tenemos un potencial inmenso dentro de nosotros capaz de sanar nuestras propias heridas y hasta que no decidamos aceptarnos tal como somos, amarnos y respetarnos no va a haber ninguna otra persona que lo haga.

Date la oportunidad de conocerte y amarte y verás cómo empezarás a atraer personas que también lo hagan.

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