Experiencias es igual a amor por la vida.

Hace unos días leí un artículo sobre los jóvenes de esta generación llamados Millenials: emprendedores, creativos, desestructurados, hábiles con la tecnología, ávidos de progreso, independencia y libertad, les interesa trabajar menos cantidad de horas, pero lograr mejores resultados y prefieren invertir en experiencias que en objetos materiales. En este último punto hoy quiero concentrarme, ya que como madre y mujer que ama vivir a plenitud, comparto e intento transmitir lo mismo a mis hijos.

Vivimos bajo un sistema que nos empuja a poseer cada vez más y a progresar económicamente. Es positivo que aspiremos a tener una vida cómoda y mejorar nuestros ingresos, pero lo que hoy propongo para poner bajo la lupa de la conciencia y la reflexión, es el tema de las elecciones que hacemos con nuestro dinero: ¿A qué le estamos dando más valor? ¿Estamos eligiendo los objetos materiales por sobre las experiencias?

Sé por experiencia que la administración del dinero es desafiante y complicada. Es fácil dejarnos llevar por la tentación de acumular y sentir seguridad en el “tener”. Sin embargo, la fuente de la felicidad que deriva del “hacer” es más abundante.

  • Las experiencias nos ayudan a expandir los horizontes mentales, los objetos no. No hay nada como viajar para abrir nuestra mente. Muchos de nuestros prejuicios, falsas concepciones de la realidad y otros preconceptos que sólo nos hacen daño, se terminan al viajar y vivenciar otras culturas o descubrir otros paisajes, sabores y sonidos. Viajar nos hace felices, para los niños significa grandes aprendizajes que les quedarán por siempre y formarán parte de los más preciados recuerdos de momentos en familia.
  • Las experiencias nos acercan a otros seres humanos, los objetos no. Vivir y experimentar involucra compartir con otras personas. La interacción con los demás, conectar en vivo y en directo, nos hace más sabios, comprensivos y felices. Necesitamos pasar tiempo con otros seres humanos para crecer, madurar y desarrollarnos entre otros aspectos.
  • Los objetos nos producen gratificación momentánea, las experiencias son imperecederas. Podemos sentirnos alegres al comprar el último televisor o ese par de zapatos de diseñador, si es que no pasamos por estrés, al evaluar las diferentes ofertas y opciones entre tanto que hay para elegir, pero los pasaran, el televisor en algún momento se volverá obsoleto y los zapatos se gastarán. Sin embargo, como dicen popularmente, cuando optas por las experiencias ¿Quién te quita lo bailado? Ellas como todo en la vida pasan, pero dejan huella en nosotros. Veinte años en adelante ni nos acordaremos que cosas teníamos, pero si recordaremos lo vivido, sobre todo las experiencias intensas y aprovechadas al máximo.
  • La vida pasa, los objetos van y vienen ¿Cuándo es el momento de vivir? ¡Ahora! Comparto una anécdota, desde chica me gusta un músico inglés que jamás soñé ver en vivo. En el año 2012 casi por milagro el artista dio un concierto en mi ciudad, hice el sacrificio, ahorre y me pude comprar las entradas. Asistir al concierto fue una lección impresionante, cambió mi vida, hasta hoy llevo conmigo las emociones tan maravillosas que sentí, como sólo un concierto en vivo puede lograr. Desde entonces intento cada vez que puedo ir a un evento artístico, me propuse minino una vez al año y compartir alguno con mi familia. El arte es para mí esencial, una necesidad y camino para experimentar la vida.
  • Para cuando seas mayor ¿Qué prefieres? ¿Acumular sabiduría u objetos materiales? Sólo la experiencia nos brinda sabiduría. Podemos leer todos los libros del mundo, pero si no vivimos, no nos enfrentamos con la realidad cara a cara, no la palpamos, sufrimos y empapamos de ella a través de las vivencias, nos convertimos en intelectuales que repiten lo que otros han dicho. ¿Quieres ser de esos abuelitos que tienen mil y una historias para contar a sus nietos? ¡Sal a vivir! Es la única manera.

Te invito a reflexionar sobre el camino de la vida y sus múltiples posibilidades y opciones de elección. Tal vez, la próxima vez que te encuentres con algunos ahorros, en vez de ir a gastarlos al centro comercial te animes a hacer un viaje en familia o asistir a un evento artístico, que tienen el potencial de mejorar y hasta cambiar tu vida, de hacerte feliz y crear recuerdos inolvidables. Los objetos no.

¡Hasta la próxima!

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