Cuando frente a una situación, imaginamos exageradamente lo peor, habremos entrado en el circuito del miedo”. Bernardo Stamateas

El miedo se define como esa sensación de angustia provocada por la presencia real o imaginaria de un peligro. Es una emoción primitiva o primaria, que nos alerta para preservar la vida, tanto en seres humanos como en animales. Como toda emoción debemos aprender a reconocerla o identificarla, para que ya sabiendo ante que estamos, podamos sacar el lado positivo del conocido miedo.

Él se alimenta de sí mismo. Empieza a partir de imaginarnos situaciones exageradas que la mente percibe como reales, tan reales que el miedo se instala a sus anchas en nuestra vida. Entrar en su territorio y quedarnos allí es tan sencillo como peligroso: paraliza, distorsiona la realidad, todo lo que imaginamos en esa película con seguridad va a suceder, porque entramos en sus fauces a través de imágenes y pensamientos.

El miedo se establece en forma inconsciente y probable por situaciones vividas que nos marcaron, pasando así a engrosar nuestro sistema de creencias. Por ejemplo, si cuando pequeños sufrimos un impacto emocional y éste se quedó sin análisis o explicación, es probable que cada vez que surja una experiencia similar la emoción se apoderará de nosotros.

A diario podemos vivir episodios de miedo, es humano, lo importante es no dejarnos dominar por ellos.  Los ejemplos siguientes son miedos comunes y del día a día:

  • Ir al médico nos produce miedo si esperamos un diagnóstico que puede cambiarnos la vida en un segundo.
  • Viajar por avión o las alturas.
  • Presentar una prueba importante.
  • Posibilidad de perder a un ser querido.
  • Quedar sin empleo porque hay reducción de personal.
  • Ir al odontólogo porque lo asociamos con el dolor sentido la primera vez que fuimos.
  • Envejecer o a ser abandonados.
  • Enfermar
  • VIVIR O MORIR…

El miedo es tan poderoso que es capaz de producir: “cambios fisiológicos inmediatos: incrementa el metabolismo celular, aumenta la presión arterial, la glucosa en sangre, la actividad cerebral y la coagulación sanguínea. El sistema inmunitario se detiene, la sangre fluye especialmente a las extremidades inferiores, en preparación para la huida. El corazón bombea sangre a gran velocidad para llevar hormonas a las células, especialmente adrenalina. También se producen importantes modificaciones faciales…”  Entonces es digno de ser reconocido y desechado. Es capaz de producirnos tantos cambios en nuestro organismo, que ya sabiéndolo, debemos enfrentarlo con conocimiento y aunque suene paradójico, sin miedo.

Mi memoria viaja en este momento a un episodio en mi vida que me produjo mucho miedo. Un buen día, me encontraba almorzando con mi esposo en la mesa de la cocina, conversábamos tranquilamente, cuando de pronto me sentí muy mal. La sensación que algo serio me iba a ocurrir me asustó muchísimo, sentí dificultad para respirar, experimente que estaba entrando como en un remolino, fue aterrador, literalmente sentí que era mi fin. Dije a mi esposo: “me siento súper extraña”, con rapidez tomó acción y fui hospitalizada por una crisis hipertensiva.

Les cuento este episodio personal porque el miedo se apoderó de mí por largo tiempo, de dos maneras: una era paralizante quedarme sola y la otra, imposibilidad de poder sentarme a comer en esa mesa, al intentarlo, de inmediato llegaba la sensación tan desagradable que tuve ese día y esa emoción arropaba cualquier análisis lógico y necesario.

Con el transcurrir de los días y al reconocer que sólo yo podía revertir ese miedo a volver a vivir lo mismo, empecé a cambiar esa imagen que me paralizaba por una donde era feliz en el mismo lugar. Lo logré, lo que no significa que olvidé el episodio, sólo que le perdí el miedo, así cuando tuve un diagnóstico certero de lo que había ocurrido entendí, acepté y tome acción porque el miedo no estaba en mis planes de vida, al contrario lo puse a mi beneficio como herramienta para preservar la vida.

Tips para enfrentar el miedo que de una u otra manera la gran mayoría padecemos:

  • Admítelo.
  • Reconoce tus miedos y haz una lista de lo que crees los produce.
  • No hay nada malo en tener miedo.
  • Haz las cosas que te producen miedo, rétate.
  • Vive el presente, casi todos los miedos están en el terreno del pasado o futuro.
  • Ordena tus miedos por la intensidad que sientes ante ellos.
  • Acércate a él, deja de considerarlo enemigo y hazlo tu aliado,
  • Visualízalo y cámbialo en tu mente por una escena de arrojo. Recuerda que el cerebro no discrimina lo real de lo imaginario.
  • Ante una situación de miedo respira profundo y relájate.
  • Oye música relajante o medita.
  • Si sientes que tus miedos no se minimizan o desaparecen, busca ayuda de expertos en psicología y manejo emocional.

“Dejamos de temer aquello que empezamos a conocer”. Madame Curie

“No tengas miedo, deja que los milagros iluminen tu mundo”. Marianne Williamson